La tele necesita un lifting
Hace mucho tiempo que no escribo en este blog, que se
inauguró hace 20 años para hablar de televisión. Y ahora creo que es momento de
reflexión, puesto que ya ni siquiera se llama Televisión, sino Ecosistema
audiovisual. Imagínense todo lo que ha podido pasar en este tiempo.
Múltiples pantallas para ver vídeos, largos o cortos, en
horizontal o en vertical, conectados o sin conectar… Todo es muy diferente.
Pero hoy quiero hablaros de los presentadores de televisión: las caras de la
pantalla, los prescriptores, en definitiva.
Hay varias tendencias, y muy contrapuestas. Por un lado,
quienes siguen jugando al star system y mantienen a un puñado de
presentadores haciéndolo todo desde hace muchísimo tiempo. Es el modelo más
desgastado, el que practican principalmente las televisiones lineales como
Telecinco, Antena 3 o Televisión Española (Cuatro algo menos).
Cuando parece que a alguien se le ha acabado el ciclo, otro
le ve potencial y lo ficha para la competencia. Nunca hay retirada a tiempo. Y
los espectadores —viewers, prosumers— están hartos de ver siempre lo mismo en
los mismos sitios.
El motivo es sencillo: nadie se la juega con un novato.
Además, los castings son casi inexistentes. Siempre hay una shortlist de
favoritos; un par de pruebas, una buena negociación-conversación… y contrato
cerrado.
Precisamente este fue uno de los motivos por los que surgió
la escuela de presentadores de televisión TV Training: la primera en España y
en Europa. Durante 20 años, un grupo de profesionales nos dedicamos a
profesionalizar el arte de la presentación y a seleccionar candidatos con
verdadera madera, porque no todo el mundo vale para ponerse delante de una
cámara.
Pero vuelvo al tema, que no quiero desviarme.
Frente a este modelo ha surgido una audición cíclica y
automática en las redes: influencers que entran lateralmente en la pantalla,
streamers que saltan a la televisión tras miles de horas de directos. Aquí hay
de todo, lógicamente. Algunos son muy profesionales y están bien preparados;
otros son simplemente caras bonitas capaces de vender un champú, pero poco más.
Otra cuestión distinta es el valor de los contenidos que
generan estos narradores digitales. Eso daría para otro artículo.
Todo esto nos lleva a una conclusión evidente: la televisión
lineal necesita un lavado de cara. Comunicadores nuevos, frescos. Y no
necesariamente jóvenes —ojo—, porque hay grandes periodistas consagrados que,
tras años en prensa o radio, descubren que el vídeo es su nueva vía de
comunicación de forma casi innata.
Pero que el ecosistema necesita revitalización es, desde
luego, una obviedad.
El temor a perder espectadores provoca ese estancamiento de
imagen que, por ejemplo, sufre actualmente Telecinco. Y desde aquí, con todo el
cariño del mundo, me permito decirles que hay que convertir la desdicha en
oportunidad.
No hay nada que perder cuando ya se percibe una etapa de
desgaste. Con doble ventaja, yo apostaría por un macrocasting en busca de caras
nuevas —y, además, con mejor coste que las viejas glorias—. Porque ya lo dice
el refrán: “No hay mal que por bien no venga”. Y, con paciencia, esas nuevas
apuestas pueden convertirse en un valor sólido de cadena o de plataforma a
medio y largo plazo.
Elizabeth López
Autora de Comunicar en televisión: manual de presentadores
Editorial Fragua
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